En mi etapa escolar desaprobé un examend e matemática. Al principio, muy desanimada por aquella nota y también por el poco apoyo de mis papás, me sentí muy presionada. Me encontraba en una situación difícil, sin ganas de seguir estudiando. Después de unos días, lamentándome y sintiéndome mal, me di cuenta de que llorar no soluciona nunca nada. Yo era la única que tenía la solución a este problema. Sabía que una de las tantas razones era que me estaba dedicando mucho a las redes sociales, a mis amistades; dejando de lado mis estudios. Por todo esto, tomé la desicion de tomar conciencia, dejar de lado por un rato a mis amigos y dedicarme a estudiar. Al principio fue difícil, pero con el tiempo y mis ganas de seguir aprendiendo, la situación fue cambiando. Tenía que aprobar el siguiente examen, me puse como meta llegar a 16. Y poco a poco, organizando mi tiempo, dedicandome un poco más a estudiar, y pidiendo ayuda a aquellos que sabían, logre un 15.
Esto me probó que las cosas no dependen de nadie más que de mi; mi futuro está en mis manos. Sé que hoy, mi vida universitaria,y habiendo tenido esta experiencia en el colegio, no me sucederá lo mismo. He aprendido a organizarme y a ser perseverante frente a todo situación.
-Leticia Támara Barboza

